Viajar a un destino que ya conocemos tiene muchas ventajas. ¿Quieres saber cuales son?

Slow travel

Sin querer convertimos nuestras vacaciones en una carrera contra reloj. ¡Tenemos pocos días y un sinfín de cosas por ver y hacer! Por eso, nos dedicamos ir corriendo de un lado para otro, en vez de disfrutar tranquilamente de nuestro viaje. Re-visitar un destino elimina, casi del todo, esta presión.Como ya conoces los “must” del destino, las prisas desaparecen y podemos centrarnos en hacer lo que de verdad nos apetece en cada momento. Por otra parte, un segundo viaje, desbloquea esa sensación de oportunidad única: “si he vuelto una vez, puedo volver más veces”.

Puedes conocer las atracciones menos turísticas

Como el tiempo de nuestros viajes es limitado, la primera vez queremos ver e inmortalizar todos los espacios más conocidos del destino excluyendo los menos conocidos. El segundo viaje permite descubrilos y profundizar más en los secretos de la vida local. ¡Incluso pueden acabar siendo nuestros lugares favoritos y sea la razón de volver una tercera vez!

Puedes profundizar en aquello que solo has visto por encima

Eliminar ese “mal remordimiento” por no haber podido disfrutar más de ese rincón mágico que encontraste por casualidad o que os enamoró solo con verlo por encima. En vuestro segundo viaje, podrás priorizar esos espacios que quedaron por explorar y quitaros esa espina clavada de “ojalá hubiese tenido más tiempo aquí”.

Sentirse como en casa

Hay algo que pasa cuando empezamos a sentir que conocemos un lugar, cuando tenemos un parque, un itinerario o un restaurante preferidos y nos movemos con fluidez por sus calles o caminos sin necesidad de un mapa: de pronto, podemos sentir cómo sería vivir allí, cuáles serían nuestras rutinas, adónde iríamos para divertirnos y adónde para relajarnos. Ese lugar, de pronto, es un poco más nuestro, como un nuevo hogar lejos de casa.

Los viajes a lugares conocidos son viajes de exploración, sí, pero también de recrearse sin miedo en lo que ya sabemos que nos gusta.